La gran estafa

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Escrito por Nicolas Litvinoff el 16 de Marzo de 2010

¿Qué tienen en común Richard Gere, Alfred Molina y Hope Davis con la crisis de las hipotecas subprime en EE.UU en el año 2008/2009? ¿Qué tiene que ver la Burbuja de los Tulipanes en Holanda en el año 1800 con el mercado actual de los CDOs? ¿Por qué es el pobre inversor codicioso y desinformado el que siempre termina pagando la fiesta?

Pasen, tomen asiento, pónganse cómodos y  prepárense las palomitas que comienza la función de “La Gran Estafa”.

Les propongo a todos los lectores de este blog un negocio muy simple y muy rentable, aunque de dudosa “calidad ética”.

  1. Elijamos un mercado cualquiera.
  2. Usemos un poco la imaginación para ver la manera de hacerle creer a los medios que todo está barato y que las ganancias futuras pueden ser siderales.
  3. Hagamos unas primeras operaciones entre nosotros que alimenten la noción de rentabilidades astronómicas.
  4. Estemos atentos al incremento de la atención del público, y cuando lo creamos conveniente armemos algún instrumento derivado complejo sobre los activos que comercializamos, que solamente podamos valorar nosotros. Inventémosle un “valor contable” para  el que lo compre.
  5. Una vez que tenemos ese “enlatado”, vendámoselo a los inversores desinformados, ansiosos por entrar a operar en el mercado que nosotros (artificialmente) inflamos.
  6. Permanezcamos en el mercado sacándole el máximo jugo posible y cuando veamos que la cosa no da para más, juntemos todo el dinero producto de la venta de los “enlatados” e invirtámoslo en la seguridad de los Treasury Bonds de los EE.UU., y descorchemos una botella de champagne del bueno mientras vemos desde afuera como la burbuja irremediablemente y en cuestión de días explota violentamente.

Imagino que a muchos de Uds. les debe haber interesado la propuesta, y yo podría sacar créditos y decir que es una idea genial que se me acaba de ocurrir pero…  esta gran estafa en donde los inversores informados se aprovechan de la codicia de los inversores desinformados no es nada nuevo, de hecho se hizo por primera vez en el año 1800 en Holanda, en donde se creó un mercado como el descrito con un activo tan “sui generis” como son los Tulipanes, creando la primera burbuja financiera documentada de la historia.

En 2008 y parte de 2009 fuimos espectadores privilegiados de la última saga de “La Gran Estafa”. No, no estoy hablando del triller protagonizado por Richard Gere, Alfred Molina y Hope Davis y estrenado en España apenas un año antes de que estalle la crisis financiera; me estoy refiriendo simple y llanamente a la cuestión de las hipotecas subprime en los  EE.UU.

Subprime: La Gran Estafa

El cuento es más o menos así:

John tiene una casa con un valor de mercado de 300.000 dólares. Pedro es un inmigrante que está hace poco tiempo en EE.UU., buscando ganarse la vida de alguna manera.

John contacta a Pedro y le ofrece 20.000 dólares para que este aparezca como comprador de la casa, valuada por el Banco que otorgará el préstamo en 500.000 dólares (66% por encima de su valor de mercado).

John vende la casa a Pedro, que le paga con los 500.000 dólares que el banco le presta al 7% anual.

John se jubila y se va al Caribe, Pedro toma posesión de la casa y la disfruta hasta que la rematen y a él lo deporten con los “20 de los grandes” que le pagó John.

Creo que no hace falta ahondar sobre los incentivos de Jonh y Pedro para realizar la operación, pero la pregunta que seguramente ustedes se estarán haciendo es: ¿Por qué el Banco va prestar 500.000 dólares para comprar una casa que vale 300.000 sabiendo que  nadie pagará por la cuota y la propiedad tendrá que ser rematada a un precio todavía inferior al de mercado?

La respuesta es muy simple: porque sabe que puede pasar la bomba (bellamente enlatada) a otros, para estar lo más lejos posible cuando ésta explote.

El incentivo de los Bancos-Brokers y la codicia.

En el año 2002 las tasas de interés del Banco Central de los EE.UU. estaban en un nivel cercano al 1%. Bajo este contexto, los Bancos y Brokers americanos se fondeaban fácilmente para luego buscar desesperados donde colocar ese capital a tasas más altas.

Por lo tanto, si yo como banco puedo tomar dinero al 1% de la Reserva Federal y colocarlo al 7% en préstamos hipotecarios, y me vienen a pedir 300…porqué no ofrecer 500?

Si además se me ocurre armar un enlatado conocido como CDOs, en donde vendo la cartera de deudores (quienes sé que no califican para el préstamo, lo cuál se conoce como préstamos subprime),  para que otro asuma el riesgo de no cobro…¿que puede fallar?

La codicia es quizá una de las emociones más peligrosas que pueden experimentarse en el ámbito de  las finanzas.

Cuando los bancos comenzaron a vender los CDOs en el mercado, y estos no solo no explotaban si no que subían de precio, decidieron quedarse con algunos en cartera, esperando que las condiciones macroeconómicas  les sigan siendo favorables.

Estos CDOs estaban valorados a “valor contable”. Pero todo cambió muy rápidamente con el deterioro del mercado inmobiliario en el país del Norte y un contexto inflacionario que hizo que las tasas suban deprisa, y muchos protagonistas (Lehman Brothers, Bearn Stearns, Washington Mutual, ente otros) vieron horrorizados como este explosivo enlatado explotaba en sus manos al pedir la S.E.C. (Security and Exchange Comission) a los bancos que valuaran los instrumentos a valor de mercado, originando los wrrite down (algo así como “reevaluación a la baja”).

Y las cabezas de los responsables comenzaron a rodar.

¿Quien paga la fiesta? Inversores desinformados y todos los contribuyentes, mitad y mitad.

Primero, fueron los Tulipanes en Holanda, que llegaron a valer más que dos carruajes de lujo en aquella época, para terminar valiendo menos que una cebolla cuando todo explotó. Luego, fueron las acciones de empresas industriales en la Crisis del ’30. Más adelante, las acciones de las empresas tecnológicas relacionadas con Internet en 2000-2001. Hace apenas 2 años, los CDOs de hipotecas subprime.

Poco importa el instrumento con el cuál “La Gran Estafa” se perpetua. Lo verdaderamente importante es quienes son los que terminan pagando esta suntuosa fiesta, aquellos que son obligados a pagar la entrada y son invitados cuando las mesas se están levantando y no queda ni siquiera una galletita para comer.

Me estoy refiriendo a los inversores desinformados y a los contribuyentes, que con sus impuestos terminan pagando los bonus de fin de año que los banqueros de inversión volvieron a cobrar en el año 2009 como si no hubiese pasado nada.

Un estafa que por más que se repita sigue consiguiendo víctimas.

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