Como funciona un ataque especulativo

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Posted by Cuadernos Keynesianos

Mucho se ha hablado a lo largo de las últimas dos semanas sobre si existe una conspiración contra España o incluso contra el €uro alentada desde medios como el Financial Times en Reino Unido. Otro tema distinto es si a Europa le conviene un €uro más débil: los hay que afirman tajantemente que sí y por otro lado los que no están tan seguros de ello.
Los ataques a la zona €uro han llegado incluso desde el blog del Nobel Paul Krugman, que ha puesto en duda las bondades de la moneda única para países como España, argumentando la imposibilidad de devaluar para ganar competitividad y remarcando que la rigidez del mercado de trabajo europeo y la divergencia de políticas fiscales hacen que la UE no sea lo que el Nobel Robert Mundell denominó un Área Monetaria Óptima. La cosecuencia que de esto se deduce es que el reajuste de sus economías será lento y doloroso. Ignora u omite Paul Krugman los beneficios que esta moneda ha tenido para favorecer la integración y la estabilidad en la UE y el peligro de entrar en una guerra de devaluaciones competitivas.
Como decía, los rumores sobre ataques especulativos a la moneda han llegado hasta el punto que incluso el CNI se ha puesto a investigar sobre el tema, mientras José Manuel Campa y Elena Salgado hacían gira por Europa intentando tranquilizar a inversores y periodistas. La cuestión de la conspiración, por cierto, ha provocado no poca mofa en el FT y el banco suizo UBS.
Pues bien, mi idea hoy es explicar para los más legos en la materia cómo funciona un ataque especulativo contra una divisa o la deuda de un Estado. Para ello, creo importante recordar el episodio histórico de la tormenta monetaria que tuvo lugar en la UE durante 1992-1993, en la fase final del Sistema Monetario Europeo que acabaría dando paso a la Unión Monetaria Europea, pues las similitudes no son pocas:
Tras la caída, con la crisis del dólar, del sistema de Bretton Woods, vigente desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta comienzos de los años 70, las economías europeas se pusieron manos a la obra en fijar un sistema de tipos de cambio semifijos y ajustables que redujera la incertidumbre y favoreciera el comercio y la integración económica. La serpiente monetaria, vigente desde 1973 hasta 1979 acabaría cediendo paso al Sistema Monetario Europeo. Se creó el ECU, una cesta de monedas con la que cada divisa tenía una paridad central, restringiéndose las fluctuaciones entre dos divisas al ±2,25% con carácter general. La moneda más importante en el ECU era el marco alemán, por lo que las monedas quedaban fijadas indirectamente a ésta.
Tras la firma del Acta Única Europea y a partir del 12 de enero de 1987, se acabó con los reajustes en las paridades de las monedas con el objetivo de dotar de credibilidad al sistema a las puertas de la creación de la moneda única. A partir de 1990 se consagraría la libertad de movimientos de capital.
Estos hechos coincidieron con el proceso de reunificación en Alemania y con ella llegarían los problemas monetarios: el déficit fiscal en el que tuvo que incurrir Alemania hacía temer tensiones inflacionistas, y el objetivo básico del Bundesbank era (su miedo a la hiperinflación después de los hechos de los años 20 es bien conocido) mantener la inflación a raya, por lo que procedieron a subir los tipos de interés. El problema para el resto de países surge con el denominado trinity problem: es imposible para un país mantener a la vez la autonomía en la política monetaria, control de tipo de cambio y libertad de movimientos de capitales. La subida de tipos en Alemania obligaba a monedas más débiles como la peseta o la lira seguir sus movimientos para evitar la fuga de capitales hacia el marco, en momentos en que estas economías tenían la necesidad de mantener unos tipos más bajos. Y aquí es cuando empieza a gestarse el ataque especulativo: los inversores piensan que una determinada divisa no va a poder soportar mucho más el tipo de cambio actual y actúan de la siguiente manera:

  • Pienso que una moneda, pongamos la libra esterlina está sobrevalorada y debe, por tanto, devaluarse: me endeudo en grandes cantidades en esa moneda.
  • A continuación hago una venta masiva de libras mientras anuncio que el tipo de cambio no podrá sostenerse. Otros inversores me imitan detrás y comienzan a desprenderse de sus libras.
  • En un primer momento, el Banco Central de Inglaterra intenta mantener la cotización comprando libras y vendiendo sus reservas, por ejemplo en marcos. Sin embargo, existe un momento en que las reservas empiezan a agotarse.
  • Al final la devaluación es inevitable. Una vez acontecida, con mis marcos recién adquiridos compro de nuevo libras (mucho más baratas), liquido mi deuda y me embolso la ganancia.

Esto es lo que hizo el conocido especulador y ahora aclamado filántropo George Soros obligando a la libra a salirse del SME a la vez que se embolsaba ganancias por 1.000 millones de dólares. La lira también tuvo que salirse del sistema. El franco, por su parte, pudo aguantar el tirón a base de pedir préstamos a Alemania (su caída hubiera arruinado el proyecto de unión monetaria). España, que sufrió también un fuerte ataque contra la peseta, no tuvo más remedio que recurrir por tres veces a la devaluación, si bien consiguó seguir en el barco.
Tras este ataque, se acordó en julio de 1993 que las bandas de fluctuación del SME se incrementaran hasta el 15% y se aceleraron los trámites para llegar a la moneda única, lo que se hizo más evidente tras contemplar la devastadora crisis especulativo-financiera asiática. Hoy, con la moneda única, estos ataques son mucho más complicados para los especuladores.

¿Cómo funciona la especulación con la deuda de un Estado?

Vamos a ver a continuación lo que puede haber pasado estos días a raíz de la explosión de la situación en Grecia y los temores de extensión al resto de economías europeas:

  • El especulador tiene sospechas de que los gobiernos de determinados países puedan tener problemas para atender a las obligaciones generadas por la deuda emitida.
  • A continuación toma los títulos de deuda prestados en un banco (ojo, los toma prestados, por lo que paga por ellos sólo el euribor).
  • Se anuncia a bombo y platillo que el Estado de turno corre un grave riesgo de insolvencia. Se produce a continuación una venta masiva de títulos haciendo bajar su precio.
  • Finalmente, recompro los títulos más baratos, liquido mi deuda con el banco y me embolso las ganancias.

Este juego no es independiente del que se realiza con los Credit Default Swaps o CDSs, unos derivados financieros que sirven para asegurarse ante la pérdida de valor o el impago de un determinado activo subyacente, por ejemplo, la deuda pública. Los CDSs pueden incluso cubrir ante el riesgo de una rebaja en la calificación crediticia del subyacente (ojo al parche). Lo más curioso de esta historia es que un especulador puede comprar CDSs aunque realmente no tenga deuda asociada que cubrir. El mecanismo es el siguiente:

  • Cuando el título de deuda tiene buena reputación, comprar el CDS resulta económico.
  • Tras la caída de la cotización de la deuda y el aumento del riesgo país, la cotización del CDS aumentará. Ahora tan solo me queda venderlos y forrarme.
  • Es obvio que si a la operación especulativa con la deuda soberana le sumamos las ganancias con los CDSs el negocio es redondo.

Existen algunas diferencias entre un CDS y un contrato de seguro convencional. Las más remarcables son:

  • El comprador del CDS (el que se asegura frente a la contingencia) no tiene por qué tener en su poder el activo subyacente, como hemos dicho antes.
  • Los que venden el CDS (es decir, los que aseguran del riesgo al comprador) pueden no ser una entidad regulada, ni se les exigen garantías para hacer frente a las contingencias del contrato. En pocas palabras, el CDS es un seguro que no asegura de nada.

Pues lo más curioso de todo es que en EEUU el volumen de contratación de CDS supera con creces a la negociación conjunta en la bolsa, el mercado hipotecario y el de deuda del Tesoro.

Para saber más acerca de los CDS y sus peligros, visitar GurusBlog.

No deberíamos preocuparnos mucho de estos juegos de casino de no ser por el hecho de que ponen en serio peligro los puestos de trabajo y los ahorros de miles de personas en los países en los que se producen los episodios especulativos.

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